Pero aquí está la buena noticia: Nuestras obras no son para salvarnos, sino para demostrar que el "Amén" de Jesús vive en nosotros. Cada acto de amor, cada palabra de evangelismo, cada servicio en la iglesia es nuestro "Amén" humano respondiendo al "Amén" divino.

La mejor manera de que esta obra crezca es enseñándola. Cuando alguien dude de su fe, preséntele Juan 3:3 en la RVR 1960. Dígale: "Jesús comenzó con 'Amen, amen'. No es una sugerencia. Es una roca".

Without hesitation: “Reina Valera 1960.”