La premisa de LaHaye es audaz pero sencilla: todos nacemos con un temperamento base, una inclinación natural que define nuestras fortalezas y debilidades. Sin embargo, a diferencia de muchos enfoques seculares que dicen "aceptarse tal como es", LaHaye argumenta que estos temperamentos, en su estado crudo, tienen lados oscuros. Un colérico puede ser un líder nato o un tirano; un melancólico puede ser un genio creativo o un deprimido crónico.